miércoles, 29 de septiembre de 2010

Diseño: Espejo del diseñador

Dicen que “un diseñador [gráfico] quiere cambiar el mundo con un afiche”, en parte es cierto, porque por lo general la persona que se enrola en esta carrera es alguien analítico, observador y detallista, que genera en su mente un mundo idealizado que, consciente o inconscientemente, quiere transmitir; y en esa labor de transmitir lo que pensamos y lo que queremos cambiar no hay quien nos detenga.



Es sabido que cada uno desarrolla su propio estilo, que es como una firma que habla de su autor, inconfundible, y casi automáticamente reconocible,  y si bien en un principio no tengamos un estilo determinado, poco a poco, y de acuerdo a nuestra dedicación por lograrlo, será cada vez más notable y satisfactorio.

Pero he aquí el dilema, un gran debate de siempre, ¿debe el diseñador adaptarse a lo que dice el cliente?, decimos “el cliente siempre tiene la razón”, pero ¿realmente la tiene? esta es una gran lucha de cada diseñador, sobre hasta qué punto es posible ceder ante sus opiniones o exigencias.

En nuestro medio, donde el diseño es aun considerado solo como algo “bonito”, pero innecesario, y no medible, es deber de cada diseñador cambiar esa opinión, y la mejor forma de hacerlo es ser efectivos en cumplir con el cometido para el que somos contratados, ese cometido será siempre el lograr visibilidad, y generar una respuesta positiva de parte de un público específico.

Muchos ceden demasiado y el resultado será un diseño frío y sin personalidad que pasará desapercibido.

Puede ser que el cliente salga totalmente convencido del diseño cuando él ha sido el que influyó casi en la totalidad de su realización, pero una vez llevado a cabo y cuando vea que no ocurre nada, que nada ha cambiado después de haber contratado al diseñador, su conclusión será: “fue una mala decisión”. No volverá, y les contará a otros sobre su “mala inversión”.

Mi postura es que lo mejor es desarrollar un estilo específico al máximo, hacer conocido ese trabajo, fruto de la dedicación y reflejo de nuestra forma de trabajar y de ser, de esta manera los clientes que se acerquen a nosotros compartirán en su gran mayoría nuestro modo de trabajar y habrá una mejor comunicación, por otro lado el cliente que ya ha visto lo que somos capaces de llegar a hacer tendrá una garantía de la calidad de nuestro trabajo.

La identidad personal del diseñador es tan importante como su trabajo mismo, manejamos un nombre que es una marca que irá acumulando tanto trabajos como relaciones, esa será nuestra carta de presentación. Por eso antes de dar por terminado cualquier trabajo debiéramos preguntarnos: ¿Es esto digno de llevar mi nombre?

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