sábado, 5 de mayo de 2012

Había una vez



Hubo una historia que no comenzaba con un típico “Había una vez”, y resulta que tampoco tenía un final feliz. En un lugar nada lejano, más bien a pocos pasos de aquí, a pocos pasos de cualquiera que lea esto, allí sucedió esta historia.

Un joven lleno de expectativas y lleno de ánimo para alcanzar el mundo con sus manos; si el mundo no estaba listo para él o si él no estaba listo para el mundo; es algo que cada cual deberá decidir.


Resulta que sus deseos de triunfar eran sinceros, pero también resulta que estaba totalmente confundido sobre la vida. Creía que su trabajo y formar una familia le darían su completa felicidad, vivía cada día con eso en la mente, vivía esperando ese día en que por fin tuviera eso que tanto deseaba. Se refugiaba en su sueño y procuraba seguir los pasos que lo llevarían a cumplirlo.

Los días pasaron, las semanas, los meses, el optimismo de su juventud se iba apagando, pero no se extinguía, aun esperaba cumplir lo que su corazón anhelaba lo que él creía era la expresión máxima de la felicidad. Se impulsaba a si mismo porque sabía que las cosas serían mejores un día. Que su sueño estaba cada vez más cerca.

Y el día llegó, obtuvo su título, se enamoró perdidamente de una chica, planearon su futuro juntos, y se casó con ella, la que había cautivado su corazón; comenzó a trabajar en lo que le gustaba, para lo que se había preparado por un buen tiempo, estaba feliz, su sueño estaba cumplido, tenía éxito en su vida. Ya no era solo un sueño, era su realidad, y estaba orgulloso de haber logrado lo que siempre quiso.

Pero pasó lo inesperado después de un tiempo; más bien algo que él no esperaba; porque quizás alguien con más experiencia habría detectado anticipadamente el problema. Comenzaron los problemas, su dinero ya no le alcanzaba ya para mantener a su familia, para ese entonces ya había nacido su primer hijo, un orgullo, pero una responsabilidad de la que cada vez se convencía más de su propia incapacidad. Encontró que él y su esposa no tenían tanto en común como pensaba, pero decidió no pelear, perdieron la comunicación casi por completo, lo que creían que era amor se esfumó, y en su lugar nació una rutina, en la que ninguno era por completo feliz.

Y su sueño, ya no existía, no tenía en qué refugiarse, en sus propias manos y ante sus ojos vio todo derrumbado. Lo que construyo con esfuerzo, lo que siempre estuvo esperando resultó ser tan efímero que nunca llegó a llenarlo. 

Se vio en un callejón sin salida, en el vacío, completo vacío que no sabía cómo llenar. Así terminó todo: desilusión, sueños rotos, desesperación, y por último resignación y una falsa sonrisa; si no podía ser feliz, por lo menos el mundo debía creer que sí lo era. 

"Muchos errores lo llevaron a eso"- podría alguien decir; o habrá otra persona que crea que fue pura "mala suerte". La realidad es que todos tenemos los mejores deseos para los nuestros, pero eso no basta. 
Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. (Jn. 14:6). 
Así que todo lo que podamos encontrar fuera de él, nos puede satisfacer solo temporalmente, no hay vida fuera de él. Y tarde o temprano toda persona que aún no llega a él, no puede evitar sentir un profundo vacío que solo puede ser llenado con una profunda y real relación con él. 

Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna. (Jn. 3:16)

Cuando nos arrepentimos y le entregamos a él nuestras vidas, él no nos rechaza, y nos convierte en sus hijos, entonces nuestras vidas quedan completas.


Gente sinceramente equivocada no tendrá un final diferente solo por el hecho de ser sinceros. Simplemente sin Dios las historias terminan similares a estas y aun peor.
Pero las historias que se repiten, muy cerca de nosotros, Dios las puede cambiar. El verdadero éxito es conocer a Dios y seguirlo…
Seguirlo hasta las últimas consecuencias o no habrá valido la pena.


“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” Jeremías 29:11
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