domingo, 1 de julio de 2012

¿Por qué yo? Estudio en base a Marcos 3:7-19



Vivimos en una sociedad que nos pide requisitos para todo; si quieres un trabajo, pertenecer a un grupo o ingresar a algún lugar, debes cumplir con cierto perfil, y si no lo completas simplemente no eres apto para eso. 

A veces la vida se convierte en el esfuerzo por llenar esos requisitos para poder pertenecer a una sociedad que ni siquiera nos conoce, y de esto también se ha contagiado nuestra mente al querer acercarnos a Dios. Pero les tengo una noticia, los parámetros de Dios no son los mismos que como sociedad nos hemos impuesto. 

Ahora, sabemos que Dios tiene un plan para cada persona, pero ¿qué espera Dios de nosotros? ¿Qué clase de requisitos hay para poder entrar en su plan? ¿Qué debemos hacer para ser tomados en cuenta? Veamos qué dice la Biblia sobre esto… 


Usemos un poco la imaginación, entremos en la Biblia e intentemos ver desde la perspectiva de uno de los discípulos de Jesús. 


  Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él. Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.(Marcos 3:7-12 RV60)

Contextualicémonos: a estas alturas de su ministerio, Jesús ya había ganado fama entre los pueblos predicando y recorriendo diferentes lugares; había demostrado su poder que venía del Padre, sanando enfermos, echando fuera demonios, enseñando con autoridad y sorprendiendo a los escribas y fariseos. 

Sus seguidores iban, comían y caminaban con él, ayudaban en términos logísticos en lo que el maestro necesitaba. Yo creo que en cierto modo ellos estaban orgullosos de eso, iban con aquel que tenía una autoridad nunca antes vista, con quien se fijaba en los necesitados, los sanaba y los incluía en sus planes. 
A pesar de la oposición, las cosas iban bien, Jesús, el maestro estaba presente, el Reino de Dios se había acercado por medio de él (Marcos 1:15). 

Pero debieron sus seguidores saber lo que venía, y debiéramos nosotros también como sus seguidores estar al tanto de lo que le sigue a creer en Jesús y ver su poder y autoridad. Llegó un día en el que él mismo los llamó a hacer algo más, y no es una tarea cualquiera la que les encomendó, ¡les dijo que hagan lo que el mismo hacía!


Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa. (Marcos 3:13-19 RV60)

¿Qué pasó aquí? ¿Qué vio Jesús es ellos para llamarlos y cuáles son los méritos de sus discípulos? Es aquí donde todos nuestros parámetros humanos caen, y donde la soberanía de Dios es el único determinante, porque “Él llama a sí a los que él quiere”, en la Biblia Jesús lo deja claro cuando dice: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.(Juan 15:16 RV60) 

Entonces ellos no tuvieron que ganarse su llamamiento, sino aceptar la labor que se les había asignado, y vamos a detallar de qué se trata. También nosotros debemos hacer esto:

1. Estar con Jesús.

Necesitamos reconocer que la obra del Reino de Dios le pertenece a Dios por completo, así que es imposible hacerla sin que él mismo nos acompañe, nos guíe y actúe a través de nosotros. 

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. (Juan 15:4) 

2. Predicar.

Para toda cosa que Dios nos pide que hagamos, Jesús es la referencia, si quieres saber qué hacer, mira a Jesús. El mensaje que nos pide que comuniquemos es lo que el mismo dijo, sobre el Reino de Dios que se acercó, del arrepentimiento, del perdón y de la reconciliación por medio de su sangre. 

Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. (Marcos 1:38-39) 


3. Ejercer autoridad.

La autoridad viene de Dios, y la podemos ejercer solo cuando estamos con Jesús y su Palabra está en nosotros, impregnada a nuestro ser, es ahí cuando nuestros corazones están alineados con el de Dios y podemos ser sus instrumentos, siendo testigos de Cristo (Juan 5:30) 

La obra de Dios es de Dios por completo y que no puede hacerse con fuerza humana; Dios mismo decidió incluirnos en su Reino. Así que si aún te sigues preguntando ¿por qué yo? o si mereces estar cerca de Dios, deja de pensar tanto en ti y reconoce que es Dios el creador y dueño de todo, y que él mismo te eligió sabiendo todo sobre ti; tus fortalezas y debilidades; y si te sientes incapaz hacer eso a lo que te ha llamado, no te preocupes, el primer paso para llegar a Dios es rendirse y reconocer que sin él en realidad nada podemos hacer (Juan 15:5). 

Los requisitos para poder llegar a Dios y poder formar parte de su Reino ya los pago Jesús en la cruz, por medio de él Dios nos justificó y no hay nada más que tengamos que hacer sino aceptar primero la Salvación y después ser sus testigos, compartiendo en palabras y hechos lo que él ha hecho en nosotros, y ejerciendo su autoridad. 

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. (Gálatas 6:14)



Anita Parada Cotrina
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