lunes, 27 de enero de 2014

Palabras y hechos

(Este post me quedó con sabor a carta)

Una vista que me queda muy cerca. Ambato, Ecuador.
Soy una persona bastante pensativairremediablemente idealista, me gustan las palabras y postulados, e intento formar y pulir los míos casi a diario.
Admiro a las grandes mentes porque yo quisiera ser una de ellas.
Creo que la admiración que uno tiene hacia cierto tipo de personas es una buena pista de la vocación que llevamos por dentro. (No tengo mucho que decir en mi defensa si eso suena pretencioso).


¿Hay mucha diferencia entre llamarme pensativa o pensadora? Tomaré el segundo término desde aquí. 

Creo que hay un momento que debe llegar en la vida de cada pensador, en el que si no aplica el conocimiento que ha adquirido mediante la lectura, estudio, meditación, observación, etc., sentirá una carga grande, que no se irá hasta que trabaje con esmero por hacer que lo que piensa y lo que vive concuerden entre sí. 

Es que existe la posibilidad de que en la búsqueda de sentido, nos enamoremos de los postulados que creamos y nos olvidemos de vivir. Me pasó.

Es necesario el equilibrio entre creencias y actitudes, eso se llama integridad. Una búsqueda de conocimiento sin integridad o un idealismo sin repercusiones en el actuar de la vida cotidiana, están destinados a la frustración y decepción de quien lo intente.

La vida es mucho más que lo que podríamos decir o saber de ella, hay muchas cosas que van más allá de nuestra comprensión y necesitamos humildad para admitirlo, y fe para seguir viviendo. Confío en Dios por lo que permite saber de Él, pero también confío en que lo que no me ha revelado no lo necesito ahora (al final, sabré por qué). 
Debemos admitir que no es suficiente ser nuestro propio punto de referencia, necesitamos algo que no cambie, solo así los absolutos pueden existir (solo Dios no cambia).

Hay veces cuando no me siento en el derecho de hablar sobre mis ideas, es cuando estoy ocupada trabajando en hablarlas primero con mis actos. Es más fácil hablar de lo que uno ya ha hecho que de lo que piensa hacer.

Me repito a mí misma con frecuencia: No hables de algo que no vivas ni sientas. Intenta vivir antes de intentar explicar a otros.

Creo que con las redes sociales, si bien tenemos la oportunidad de llegar a más gente, corremos el riesgo de volvernos impersonales, de ver a los demás como simples números. No quiero que eso me pase.
Intento ser lo más real que puedo con las redes sociales (y obviamente también en vivo), por eso me gusta compartir no solo ideas sino también de vez en cuando cuento cosas que hago. 

Es que tengo la convicción de que es imposible compartir el evangelio sin compartir mi propia vida. (Me inspira 2 Tes. 2:18) Creo que si no compartimos experiencias que prueben lo que decimos con palabras, y nuestra propia vulnerabilidad y necesidad de depender de Dios, estamos siendo irreales. 
El testimonio es la mezcla de palabras con hechos que compartimos que al concordar entre sí comprueban la realidad de ambos.

Seamos reales.

Sinceramente desde acá, 

Anita
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