sábado, 12 de abril de 2014

Dos años después del cierre de mi Universidad

Zumbahua, Ecuador. Un lugar frío y hermoso en Cotopaxi, cerca del Quilotoa. Fui ahí como traductora con un grupo médico misionero. Fue genial.- Nunca pensé que saber inglés se convertiría en una bendición tan grande en mi vida.
A algunas personas les gustaría poder retroceder el tiempo, ir a momentos decisivos de su vida para cambiar algo. Creen que su situación sería diferente si lo hicieran, que ellos mismos serían diferentes.
No es que yo haya logrado retroceder el tiempo, pero me pasó algo parecido. Hace 2 años yo estaba en 8vo semestre, ahora estoy en 1ro, 2do y 4to. He regresado, en cierto sentido, al pasado.

Este post es parte de mi historia personal, una historia en la que sigo embarcada (¿anclada?). Ya se las comencé a contar hace algún tiempo, así que considero importante darle seguimiento.


(Lee esto si quieres conocer la historia detallada:  
Sobre el cierre de las Universidades E en Ecuador

En resumen:

El año 2012, el gobierno ecuatoriano cerró 14 Universidades, entre ellas la mía. Antes de que cerrara, yo había decidido que iría de intercambio a Noruega. Congelaría mi carrera por 2 semestres, y al volver me graduaría. Las cosas, como ven, no resultaron así.

Hoy se cumplen 2 años desde que me quedé sin Universidad, y lo que sigue es lo que ha pasado en mi último año.

El precio de mi idealismo

Quiero enfatizar que: lo que me pasó a mí nunca le hubiera pasado a una persona menos idealista que yo. Mi problema fue que yo creí que lo que era justo que pase, pasaría: que el sistema me daría la razón y que la educación que me garantizaban me sería dada.

Pero ¿quién confía en el sistema en estos días?, seguramente debí haber dudado más.

Y me fui

Mi tiempo en Noruega fue muy especial (productivo, asombroso), y no lo cambiaría por el título que tarde o temprano tendré (y que si no me hubiera ido, ya tendría). 
En esos 10 meses, fuera de mi zona de confort y lejos de lo que era conocido para mí; aprendí cosas que me acompañaran por el resto de mi vida, cambié cosas “imposibles” de cambiar en mí y gané amistades valiosas que no pienso dejar.

De regreso: el comienzo de la travesía

Volví a Ecuador en Junio (2013), optimista pensé entrar a clases en Agosto. No contaba con la cantidad de trámites que me esperaban; me sentí como una pelota de pin pong, lanzada involuntariamente de aquí para allá, demasiados rebotes para mi gusto.

Según todos decían, mi caso era “especial” (raro, fenómeno); muy largo, complicado, lleno de detalles de mi historia que parecía que poco importaban; en medio de esto sentí ser un número más en las filas de los “estudiantes de Universidad cerrada”.

Una larga espera

La nueva Universidad debía revisar mis materias aprobadas y convalidarlas según su pensum, pero debía esperar un semestre más, hasta Enero. Mi ausencia de otras opciones me quitó la posibilidad de negociar, así que entregué mis papeles y esperé….. y esperé, y esperé.

Durante le espera hice algunas cosas: pude disfrutar de tiempo en familia, fui traductora para varios grupos misioneros (mayormente médicos), viajé dentro de Ecuador, y fuera: fui de visita a Chile (después de 8 años sin ir), retomé mi arte (principalmente el dibujo), descansé y leí mucho.

Disfruté mucho este tiempo; claro, mientras no recordaba mi incertidumbre. Fueron meses agridulces.

Perdida

Por fin el resultado en la Universidad estaba listo, y el esperado resultado me quitó las esperanzas: me mandarían a 2do semestre.

Me sentí perdida, quise abandonarlo todo. Mis intentos por ver hacia mi futuro eran como balas perdidas disparadas sin un blanco definido.

Quise irme a algún lugar donde la etiqueta de “estudiante de Universidad cerrada” no me definiera.

Unos cuantos (muchos) tediosos trámites después, pude ingresar a otra Universidad, aunque no con resultados muy diferentes. Me aprobaron 12 materias, de más de 40 que tenía aprobadas.

Reinicios

Esta semana fue mi primera semana de clases. Para el próximo semestre pediré rendir evaluaciones para aprobar varias materias de las que considero tener el conocimiento adecuado. Mi pronóstico es que me quedan aún entre 2 años y medio a 3 de Universidad.

Siento que con mi último viaje se quemó mi aeropuerto. No podré salir por algún tiempo, y eso me duele más de lo que puedo decir. Mis planes de viajar por el mundo y estudiar otras cosas se postergan, o al menos se limitan a las vacaciones. Estaré planeando estrategias, haciendo prototipos y mirando mapas en los recesos.

Mi concepto de “estar bien” ha sido moldeado con un doloroso cincel llamado paciencia, y junto con este varios otros conceptos. Ahora puedo decir sinceramente que estoy bien, pero no de acuerdo a lo que “bien” significaba para mí hace 2 años.

Sinceramente agradecida

Sé que Dios no ocasionó mis problemas, pero en medio de ellos me moldeó y estuvo cercano. También me bendijo con gente especial en la que pude apoyarme. Estoy enormemente agradecida.

Creo que le di mucha importancia a cosas que, después de todo, son pasajeras. Ahora sé que ni la más incierta de las circunstancias que pueda venir a mi vida es capaz de quitarme la certeza de que en Dios mi futuro es seguro. Mi identidad está en Él.

En lo que a mi corresponde, seré la mejor estudiante/compañera/amiga que pueda ser y buscaré reflejar el amor de Dios en todo. 

Desde Ecuador, donde esta historia se sigue escribiendo,
Anita
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