martes, 15 de julio de 2014

Salmo 39. Reflexión

Mientras leo la Biblia hay partes en las que me encuentro a mi misma. Examino a los personajes, sus actitudes, anhelos y luchas, y digo: ¡Esta soy soy!
Mientras leía el Salmo 39 me volvió a pasar, me ví. Leerlo fue como encontrar las palabras a algo que hasta el momento yo no podía articular.


(Las cursivas son el texto bíblico de Salmos 39:1-13 RVR1960)

Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.

¡Cuántas veces nos hemos propuesto 'atender nuestros caminos' o 'cuidar nuestra conducta'! Es prudente saber cerrar la boca cuando no hay nada bueno que decir.

Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor. Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, 

Pero, ¿qué pasa cuando callamos de más? No basta con no decir cosas malas, es necesario decir lo bueno. La verdad es que si Dios ha transformado tu mente y corazón y tú sigues inactivo, sentiras una frustración muy grande. Conocer a Dios causa movimiento por dentro y por fuera.

Y así proferí con mi lengua: Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. 
Selah 

David se enfrenta a grandes interrogantes de la vida: nuestra fragilidad y el sin sentido. Ambas son más fáciles de ver cuando estamos en problemas o en riesgos que amenazan nuestra seguridad o comodidad. En esos momentos podemos decir: ¡No somos nada! 

Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.  Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.

Cuando meditamos en lo frágiles que somos (lo cual se nos invita a hacer con la palabra 'Selah') sabemos que en realidad las cosas tienen sentido solo si las ponemos bajo la esperanza que tenemos en Dios, de aquel que trae su reino a nosotros y restaura las cosas. ¡Él es la solución al sin sentido que puede invadir mi vida! Soy bienaventurada cuando puedo reconocer eso.

Líbrame de todas mis transgresiones; No me pongas por escarnio del insensato. Enmudecí, no abrí mi boca, Porque tú lo hiciste. Quita de sobre mí tu plaga; Estoy consumido bajo los golpes de tu mano. Con castigos por el pecado corriges al hombre, Y deshaces como polilla lo más estimado de él; Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah

¡Ayúdanos Señor, a reconocer nuestras transgresiones, y perdónanos! Somos frágiles y no podemos estar apartados de ti, ayúdanos a depender de ti. 

Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, Antes que vaya y perezca.

¡Gracias porque puedo acercarme a ti sinceramente, aun con quejas y lágrimas en mis ojos! En ti esperaré.


blog comments powered by Disqus Configuration variables