viernes, 21 de noviembre de 2014

No me falta nada



No sé ustedes, pero yo quisiera echar una mirada al futuro para poder ver concretadas cosas, que hasta el momento de escribir esto, me preocupan y en ocasiones me hacen sentir incompleta. Cosas como: lo material que me falta, los logros académicos y personales que creo que necesito, etc. 

A veces nuestra visión está obstruida por un enorme espejo descompuesto que nos hace vernos a nosotros mismos como el centro del universo, y a nadie más alrededor. 


Nuestra propia vida tiene importancia, sí. Pero olvidamos que nuestra pequeña historia es solo una historia dentro de la Historia más grande: La que comenzó con la creación, tuvo su climax con la venida y muerte de Jesús, y terminará con nuestra redención total en la nueva creación. 

Estamos ubicados en algún decisivo lugar en medio de esos dos últimos puntos en la línea del tiempo. Se nos ha ofrecido vida, y podemos acceder a ella desde ahora y por la eternidad, o no hacerlo. Pero solo cuando logramos alinear nuestras vidas a esa Historia más grande, las cosas cobran sentido. Uno de los modos en que Dios nos salva, es del sinsentido que tiene la vida sin él. 

Mi propia humanidad, que antes veía como solitaria autosuficiencia o excusa para justificar mis faltas, es redescubierta ante el concepto de que soy una creación bien pensada y profundamente amada por Dios, por lo tanto, cada acto individual que realice cobra importancia. 

Dios sigue presente, y su gran Historia sigue en desarrollo. Mi identidad descansa en que Él me ama; y es allí, en el epicentro de su gran amor, donde quiero estar.

¿Qué son las cosas que me preocupan o “me faltan” al lado de ese gran amor, de esa gran Historia en la que Dios me permite estar? Estoy completa en Dios, tengo esa certeza, sin importar lo que mis circunstancias quieran hacerme pensar. 

Mi manejo de la incertidumbre será diferente porque aunque no conozco todo, conozco a quien sí lo conoce. Sé que tendré nuevas dudas, luchas y desafíos, pero en medio de ellas seguiré creciendo, porque durante todo el camino seguiré teniendo al mismo Dios que es todo lo que necesito, que es suficiente para mí. 

El Señor es mi pastor, no me falta nada. No viviré como si algo me faltara. Estoy completa aquí y ahora.
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