miércoles, 18 de marzo de 2015

Eligiendo lentes

Antes que buscara la iluminación, las montañas eran montañas y los ríos, ríos.
Mientras buscaba la iluminación, las montañas no eran montañas y los ríos no eran ríos.
Cuando alcancé la iluminación, las montañas fueron montañas y los ríos, ríos.
(Dicho zen)



Cuando nací me regalaron lentes, me los puse sin refutar y desde ellos observé todo frente a mí. 
La vida desde mis ojos fue similar a la que mis padres veían, ellos me enseñaron a ver y sus parámetros fueron los míos. 


Conocí el blanco y el negro.
Lo bueno fue lo que ellos me dijeron que era bueno.
Lo malo fue lo que ellos me dijeron que era malo.

Quise que todos usaran mis lentes. Mis lentes eran los correctos.

Pero la vida es movimiento y a veces con las circunstancias también se nos mueve el piso. Las respuestas de siempre comenzaron a fallar o a verse incompletas.

Puede que la ceguera haya aumentado con el tiempo, o quizás solo me di cuenta de que podía elegir otros lentes si así lo deseaba. (Cómo saber que uno desea algo es otro asunto al que no molestaré)
La búsqueda de respuestas me hizo mirar la disponibilidad de lentes en el mercado de la sociedad.

¿Qué tal si habían unos mejores que los míos?

Cambiar de lentes implicaría que mis conceptos se pondrían a prueba. 
Ellos ya no me defenderían; al contrario, yo debería comprobar su eficiencia o cambiarlos.

El río podría dejar de ser río. La montaña podría dejar de ser montaña. Yo podría dejar de ser buena.

Y eso pasó, de pronto no supe nada. 
Lo que siempre fue certero ya no lo fue.
Fui frágil sin mi escudo de prejuicios.

La medida de los lentes se fue modificando; se visibilizaron partes del mundo que nunca había visto. 
Los "malos" no eran tan malos. Y en varios casos, los "buenos" no eran bueno (o eran opresores o ególatras).

Aparecieron los grises.

Mi cabeza se llenó de nuevas ideas que fueron construyendo nuevas estructuras en mi cerebro. Demasiadas piezas intentando armar un rompecabezas. Parecía que las cosas no volverían a tener sentido.

Pero de nuevo comencé a entender, las cosas volvían a tener sentido pieza a pieza.
Mis parámetros fueron devueltos a mí; en varios casos con variaciones significativas; ahora con un entendimiento más amplio y que era mío, no una simple herencia impuesta.

El río es un río otra vez. La montaña es una montaña otra vez. Mi identidad tiene más sentido del que tenía.

2 cosas para terminar:

Casi todos pasamos por momentos en los que no entendemos nada; es parte del crecimiento. Si no te rindes, las cosas volverán a tener sentido.

Cada persona va en una parte diferente del camino, tus descubrimientos son útiles para ti no necesariamente para el resto. (Serán útiles para el resto en cuanto ellos lleguen a ese punto, no es bueno tratar al resto desde nuestro punto de partida sino desde el de ellos).




PD1: He estado escuchando el podcast de Rob Bell, su episodio 2 se titula: El Río, La Montaña y Tú (The River, The Mountain and You); me inspiré en eso para escribir esto.)

PD2: No quise especificar el tipo de cambios porque creo que este es un proceso casi estándar de cambio de paradigmas, a veces a mayor y a veces a menor escala. Entre un paradigma y el siguiente hay sensación de abandono (o pérdida). 

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