miércoles, 28 de octubre de 2015

Día 28: Libertad para fallar


A veces temo admitir que cometo errores. Es como si tuviera una imagen de perfección que mantener; una imagen ficticia por cierto, porque todos saben que tengo fallas y que la perfección me queda lejos. 


Cuando intento parecer perfecta no me convenzo ni a mí misma, y además comienzo a ocultar quien soy por miedo a que me juzguen por mis fallas, muestro una imagen mentirosa de mí que me aísla porque impido que el resto vea mi propia humanidad y así, me privo de ver la humanidad de ellos.

La autosuficiencia es un escudo muy frágil, es solo una ilusión de seguridad de pensar que porque no pido ayuda, soy mejor. 
Pero la gente verdaderamente segura no tiene problema en admitir sus falencias, puede reírse de sí misma y sacar aprendizajes por cada error. 
La gente segura no permite ser enterrada bajo sus errores sino que  camina por encima de ellos usándolos como escalones para llegar a la meta. 
La gente segura no cree que está mal depender de otros, depende primeramente de Dios, y sabe que también es bueno depender de la gente correcta en el momento correcto. 

Si el mundo tuviera más gente que aprende de sus errores sin dejarse echar abajo por ellos, veríamos maravillas. 
Veríamos esos proyectos a medias que todos tenemos, llevados a su fin. 
Veríamos gente que anima a otros a través de los propios tropiezos de su historia. 
Veríamos inventos que alucinarían nuestra mente, de esos que estuvieron tan cerca de su realización, pero la persona que debía crearlo se rindió por la crítica que recibía.
Veríamos que somos todos humanos intentando convertirnos en algo mejor de lo que somos, y que en este camino nos podemos ayudar unos a otros.

Aún así, quisiera decir que ya aprendí lo suficiente y que ya no fallaré más, pero como la vida continúa, sé que aun quedan errores por cometer. Es que la vida es movimiento y mantenerla estática es peor error que intentar muchas cosas y fallar en todas. No pienso rendirme por las fallas que me quedan por delante, seguiré aceptando que no soy perfecta, que necesito de otros y necesito de más intentos para llegar más lejos.
Un error no es el final, es el final de un episodio en una historia que continúa.

Cuando admito que me equivoqué y pido un consejo a alguien que sabe más que yo, soy libre para seguir escribiendo nuevos capítulos.


31 Días En Busca de la Inspiración Perdida
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