sábado, 10 de octubre de 2015

Día 10: Humildad para ser segunda



Sé que soy egocéntrica y que he hablado mucho de mí misma estos días. Sin darme cuenta me tomé como el punto de referencia para medir qué cosas me inspiran y cuáles no. Pero hoy quiero hablar de la humildad.

Es prácticamente automático ponerse a uno mismo como punto de referencia. Hacemos con frecuencia observaciones absolutas cuando lo que compartimos es solo nuestra opinión o percepción.
Por ejemplo, decimos que hace frío, cuando eso es solo lo que sentimos, y hay gente al lado diciendo que el clima está rico. Decimos que algún color es feo, cuando es solo nuestro gusto.

Puedo casi oírlos decir que "entonces estás diciendo que todo es relativo". Pero no, no es eso lo que creo. (Lo ven, aquí estoy yo defendiendo otra vez mis "creencias") Lo que digo es que yo no he creado ningún concepto, así que debo ubicarme y ser humilde porque sé que soy pequeña.

Por un lado, yo debo elaborar mi propio pensamiento; pero necesito tener fuentes, razones para decir lo que digo. no puedo afirmar algo absolutamente solo porque pienso que así es. 

Entonces, cuando sé que mi opinión no es absoluta, sé que debo aferrarme más a quien si es absoluto, solo Dios. Por él el mundo se sostiene, porque su ley hace que los días pasen, que las aves vuelen, que del cielo llueva, que las plantas crezcan, que las cosas tengan sentido, etc. 

Mi opinión sobre cualquier cosa siempre irá después de la de Dios, y eso no es una limitación en un mal sentido, es poder interpretar al mundo con los límites adecuados, de lo real y conveniente. Como dijo C. S. Lewis, "Dios no nos puede dar paz y felicidad fuera de El porque no existe tal cosa".

Todos somos influenciados por algo, yo prefiero guiar mis pensamientos hacia lo que Dios dice, eso lo logro leyendo la Biblia y orando a diario, y así sus ideas se van haciendo mías.

Algunos confunden esto como pérdida de identidad, dicen que los cristianos no pensamos, solo decimos que "tenemos fe" ante cualquier pregunta que no podemos responder; pero no es así (o al menos eso no es lo que Dios planeó que hagamos), Dios nos devuelve la identidad cuando nos acercamos a él porque descubrimos el plan original por el que fuimos creados, y eso nos permite participar activa y creativamente del mundo que creó, pensando e interpretando por nuestra cuenta, pero con una mente que ha sido renovada por él. 

La identidad me la da Dios porque soy su hija y él me dio una nueva naturaleza, él es creativo y por lo tanto yo también, nunca debo conformarme con ser una copia de alguien más. 




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