domingo, 18 de octubre de 2015

Día 18: Esperanza


Pierdo las fuerzas. Ya no quiero más. Hasta aquí llegué. 
Si la gente conociera la frecuencia de mis desánimos probablemente me juzgaría. Así que ni les cuento, pero lucho mucho por mantenerme motivada.


Yo sé, yo sé mucho de lo que que la gente dice para animar a otro: "Solo tienes que decidirte", "sonríe aunque no tengas ganas", "busca una buena motivación y aférrate a eso", "esfuérzate hoy y vas a ver los resultados en el futuro". Buenos intentos, pero insuficientes cuando uno busca tener una vida con sentido y no lo consigue.

¿Cómo permanecer motivada en algo que no quiero ni sé a dónde me lleva? ¿Cómo mantener la sonrisa cuando el camino se vuelve solitario? ¿Cuándo volverá el sentido a alumbrar mi rutina?
Algún día. No todo está perdido. Este no es el final.

Venid a mi los que están trabajados y cargados y yo los haré descansar.  
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; 
y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Mateo 11:28-30

Descanso. Confío. Espero.
Si yo me detengo el mundo continúa,
en tus manos, Señor, está mi vida.
Gracias porque sostienes al mundo,
enséñame a descansar en ti cada día.
Que no atribuya a mis propias manos los resultados.
porque es tu amor lo que me sostiene.
Depender de ti me da libertad,
porque tus promesas no dependen de mí.
Espero en ti. Tú siempre llegas.
Te lo entrego todo, en mis manos no alcanza.


 Más que una buena motivación, sé que necesito de Dios. Hacer las cosas para él, con amor, hace que una simple actividad trascienda. He pensado tanto en la palabra inspiración estos días, y la conecté con el aliento de vida que Dios sopló en Adán y Eva al inicio. Si Dios no nos da de su propio aliento, ¿cómo podría yo vivir? Ni siquiera existiría. Entonces, debo permanecer cercana a Dios, para que siga dándome vida.
Qué fácil es creer que estamos vivos solo mirando nuestro cuerpo moverse, pero donde Dios no se mueve, solo hay huesos secos.

Le entrego todo a Dios, soy administradora no dueña. Quiero poder pararme frente a Dios sin vergüenza por haber malgastado todo lo que me dio.

Eternidad. La vida sigue. Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

 31 Días En Busca de la Inspiración Perdida
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