lunes, 19 de octubre de 2015

Día 19: Lo siento, mucho


A todos nos gusta sentir. Como cuando nos dicen algo bonito y hasta nos sonrojamos, como cuando estamos felices mientras reímos a carcajadas, como cuando queremos a alguien, como cuando estamos satisfechos de estar donde estamos, como cuando celebramos un triunfo, como cuando alguien a quien extrañábamos regresa.


Los sentimientos son buenos, nos hacen vivir y no solo presenciar la vida; involucrarnos y no solo mirar de lejos. (Sentir es bueno, aunque no todos los sentimientos son buenos. Como con los pensamientos; pensar es bueno pero no todos los pensamientos son buenos)

(Me dije que no iba a aclarar nada, ¿por qué debo explicar que los sentimientos no son lo único? ¿que solo sentir sin pensar no funciona? ¿Que me gusta sentir pero que no me dejo llevar por los sentimientos? ¡Qué difícil es hablar solamente sobre lo bueno de los sentimientos!)

Hay poco de qué hablar cuando no es para defender a los sentimientos de sus malas definiciones. No se trata de hacer lo que el corazón diga, el corazón está loco. 

No es lo mismo dejarse llevar por las emociones que emocionarse por las cosas correctas. Si Dios nos instruye sobre el tipo de pensamientos que debemos cultivar es porque según lo que tengamos por dentro vamos a obrar. Dicen que los sentimientos no se controlan, que uno no los decide, pero los sentimientos no aparecen de la nada, van expresándose de acuerdo a lo que tenemos adentro. 

Tus sentimientos de mañana estarán en base a lo que pienses hoy, y después también actuarás de acuerdo a lo que sientas. Los sentimientos no se eliminan, se transforman, así que lo que siento es buen diagnóstico de cómo estoy por dentro. 

Tener buenos sentimientos es signo de salud. Por eso me gusta sentir, porque estoy sana casi siempre, y cuando no lo estoy, tengo a Dios que es mi sanador.
Cada evento, estación, experiencia o reflexión. Los siento, y mucho.


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