domingo, 25 de octubre de 2015

Día 25:Servir para vivir


Encerrada en la mansión de mi mente permanezco pendiente de cuál será el siguiente gran momento que me hará sonreír y ser feliz. Me pregunto si será un regalo o una palabra bonita, tal vez un reconocimiento o un viaje soñado. Planifico los pasos para dar para conseguir realizar mis sueños. 
La mansión puede tornarse más en una prisión que en ese lugar feliz de realización. No me puedo realizar sola porque no fui hecha para permanecer sola. Mis objetivos son solitarios mientras no incluya gente en ellos. 


Tengo que recordarme que mi identidad no está encerrada en mi misma, que cuando doy recibo humanidad. Ser humano es ser parte del resto de la humanidad. Ser humano es compadecerse ante la necesidad de otro humano. Ser humano es encarnar una cultura y contexto desde donde ser útil como una pieza que completa una gran composición.

Servir es desprenderme del egoísmo intrínseco, de la parte de mi que cree que merece algo bueno y se olvida que todo lo que he recibido ha sido por gracia. Servir es vivir completo; quien vive solo para sí mismo no trasciende más allá de su metro cuadrado. 

Mi oración es poder mantener mi mirada sin obstrucción de mi egoísmo. Que pueda velar por el bien de otros y no solo por el mío. Que cuando alguien me mire a los ojos pueda mirarlo de vuelta sin complejos ni remordimientos. 

Y cuando uno ayuda a otros, pronto se da cuenta que más allá del favor que haya hecho, se hizo un gran bien a sí mismo y que la compasión nos hace más capaces de comprender la vida. Las cosas tienen más sentido cuando alguien sonríe por algo que hicimos sin esperar nada a cambio. La vida tiene sentido cuando alguien vuelve a tener esperanza y agradece a Dios por usarnos en que el Reino de Dios se acerque.

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